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Mi relación con el dinero no dejaba de cambiar con el tiempo. ¿Y la tuya? - Blog

Mi relación con el dinero no dejaba de cambiar con el tiempo. ¿Y la tuya?

Mi marido es enviado a una ciudad diferente cada 3 o 5 años. Y cada vez que nos mudábamos a una ciudad diferente, nuestras vidas cambiaban. A veces, encontraba un trabajo bien pagado y altamente satisfactorio de inmediato. Otras veces, me veía forzada a permanecer inactiva durante meses. Nuestras fluctuantes fortunas nos forzaron a experimentar tres fases diferentes en nuestras vidas.

 

La fase sin dinero:

No ganaba nada. Así que pensaba que era “simplemente” una “mera” ama de casa y una madre. Punto. “La fase sin dinero” me despojó de mi identidad. Me sentía frustrada porque no podía dar un buen uso a mis estudios y mis habilidades.

Me sentía abrumada por el miedo y la inseguridad. Hice un sacrificio y ahorré hasta el último céntimo que pude. Me volví tacaña. Acumulé cosas para saciar mis miedos e inseguridades. Envidié a aquellos que tenían dinero en abundancia. A menudo sentía que la vida me había tratado injustamente.

Sí, estos miedos eran muy reales. No tener dinero cambió mis perspectivas sobre la vida. Mi mundo se encogió. Mis perspectivas se estrecharon. Me centré únicamente en tener suficiente dinero. Se convirtió en una prioridad en mi vida.

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Pero esta fase “sin dinero” también me obligó a salir de mi zona de confort. Busqué otras alternativas para ganar dinero. Exploré todas y cada una de las cosas que se interpusieron en mi camino. Era mejor que sentarme sin hacer nada sin dinero en las manos. Ahí es cuando descubrí mi potencial.

Sorprendentemente, crecí como persona y aprendí las lecciones más importantes de la vida durante esta fase. Aprendí el valor de la humildad. Aprendí a respetar el dinero. Me di cuenta de que siempre había subestimado el dinero y varios aspectos de la vida.

 

La fase de “Suficiente dinero y más”:

Encontré un trabajo bien remunerado y de pronto la gente empezó a mirarme con respeto. Querían saber cómo compaginaba mi casa, mi trabajo y las necesidades educativas de mi hijo todo ello al mismo tiempo.

De pronto el dinero me había dado una identidad. Empecé a recibir mucha admiración y atención. Me sentía viva. Sonreía y reía más a menudo. No quería volver a la fase “sin dinero” nunca más. Así que dirigimos todas nuestras finanzas a guardar unos ahorros decentes para nosotros. Una vez que tuvimos suficiente para superar una crisis, exploramos maneras de disfrutar de nuestro dinero duramente ganado. Un coche nuevo y un viaje a un destino exótico eran todas las cosas que podíamos permitirnos en ese momento. Ni siquiera necesitamos nuestros teléfonos móviles para hacer fotos. Esas experiencias permanecerán en nuestra mente para siempre.

Y sí, me di cuenta de que el dinero puede comprar un medicamento de los que te salvan la vida. Ese día comprendí la importancia del dinero. Fue una experiencia realmente aleccionadora.

El dinero había expandido mi mundo y lo había llenado de positividad. Disfrutamos de la felicidad que el dinero podía comprarnos. Pero, a nivel interno, me di cuenta de que valoraba más el trabajo que el dinero. El trabajo me daba una sensación intensa de significado y me llenaba de satisfacción. Dormía profundamente y esperaba con ansias la llegada de cada día. Buscaba el trabajo que me gustaba hacer en lugar de hacer cosas sólo para ganar dinero.

El dinero era importante. Pero era el trabajo lo que me daba un propósito en la vida. Ahora estábamos en la fase más hermosa de nuestras vidas.

 

La fase “el dinero sale y entra de nuestras vidas”:

Una fusión era todo lo que hacía falta para sacarnos de nuevo de nuestras zonas de confort. Y todos esos beneficios oficiales a los que teníamos derecho de pronto se esfumaron. Guau, eso fue un golpe muy duro en nuestras finanzas. Ahora pagábamos casi una tercera parte de nuestro salario sólo en alojamiento.

Aprendimos la lección más dura pero la mejor de todas. Nos vimos obligados a sacar dinero de nuestras cuentas mes tras mes. De repente el futuro se volvió impredecible. Los miedos de la “fase sin dinero” nos atormentaron durante un tiempo porque mis ingresos continuaron siendo erráticos.

Pero, curiosamente, fue cuando el dinero empezó a salir de nuestras vidas libremente cuando volvió a entrar de nuevo en nuestras vidas. Encontré un trabajo altamente satisfactorio y con un salario decente a menos de quince días de trasladarnos a nuestro nuevo alojamiento alquilado.

Fue durante esta fase cuando aprendí a vivir en “el aquí y el ahora” sin preocuparme demasiado del futuro distante. Nos dimos cuenta del valor de la satisfacción. Teníamos ahorros a los que recurrir. Eso nos produjo una sensación de seguridad.

Aprendimos a encontrar la felicidad en las pequeñas cosas que hacíamos a diario. Una buena taza de café preparada con leche fresca que tomábamos sin prisas mucho antes de la salida del sol. Esos viajes largos en coche que hacíamos para desconectar después de trabajar duro durante la semana. Esas pequeñas golosinas que nos comíamos cada domingo por la noche. ¡Esos cucharones dobles de nuestros helados favoritos por los que luchábamos indefectiblemente! Ahora apreciábamos todo eso. Pero de vez en cuando entrábamos y salíamos de la…

 

Fase “Vamos a cuestionar la extraña relación que tenemos con el dinero”:

Fue sólo cuando el dinero empezó a entrar y salir de nuestras vidas cuando nos preguntamos el verdadero significado y el propósito de nuestras vidas. Sin duda el dinero no es el fin último de nuestras vidas. Ahora sabemos que el dinero puede comprarnos muchas cosas, pero depende de nosotros encontrar la felicidad y el significado en nuestras vidas.

El significado y la definición de “felicidad” y “significado” varía de una persona a otra. Eso, por supuesto, es natural y dependerá de en cuál de esas tres fases estemos en un momento determinado de nuestras vidas.

Para nosotros, hoy por hoy, significa algo que nos llena de una especie de felicidad y paz duradera. Siento que he vivido mi vida al máximo en los días que hago algo significativo y productivo. Encuentro la paz en la gran relación que comparto con un puñado de personas. La relación que comparto con cada persona es diferente, pero me siento rica cuando estas personas están a mi lado y me apoyan en mis momentos de necesidad. Aceptan mis debilidades y mis dificultades. Me quieren como soy. Y yo espero poder añadir el mismo valor a sus vidas.

De ese modo, soy más rica que todas las personas más ricas juntas. Mis experiencias en la vida han sido una alegre mezcla de bueno, malo y amargo. Pero no cambiaría ni el más ínfimo de los detalles de mi vida pasada incluso si me dieran todo el dinero del mundo a cambio. Las experiencias de mi vida me han enriquecido desmesuradamente.

Y sí, todo el dinero del mundo no puede reparar las relaciones rotas. El dinero no puede hacer retroceder el tiempo y reparar el daño que hemos hecho con nuestras palabras venenosas. Por desgracia, el dinero también tiene la capacidad de romper hogares.

Así que ahora, incluso mientras escribo este artículo, me doy cuenta de que necesitamos moderar el dinero con el sentido común y tener una perspectiva adecuada sobre la vida. El dinero es sólo una mercancía que sirve un propósito muy importante en nuestras vidas. Pero la verdadera felicidad no puede encontrar nunca un lugar permanente sólo junto al dinero.

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