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El día que empecé a aprender a ser yo misma - Blog

El día que empecé a aprender a ser yo misma

Hace diez años, compré un pequeño naranjo para ponerlo en mi balcón.

Desde niña el perfume del azahar me relaja y me aporta bienestar, así que, yo que siempre sentía la presencia de cierta intranquilidad, no dudé en adornar el balcón con el arbolito, con la esperanza de que cuando floreciera, observar sus flores y oler su aroma sin duda contribuirían a mi bienestar.

 

Así lo hice y me decidí por una arbolito pequeño pero con hojas de un verde intenso. Recuerdo que tenía una rama más larga que se elevaba hacia el cielo, y para mi alegría en apenas unos días, el naranjo pese a ser pequeño empezó a llenarse de flores de azahar y a multiplicar sus hojas.

 

Aquella primavera, aunque todo seguía igual en mi vida, para mí era más primavera, porque tenía un naranjo precioso en mi balcón que parecía feliz de acompañarme regalándome las flores más bonitas del mundo.

 

La rama que subía hacia arriba se llenó de flor y hojas verdes y para mí no podía ser más perfecto.

Un día vinieron unos familiares de visita y uno de ellos, un hombre ya mayor, con cierta autoridad en la familia y jardinero aficionado, dijo que el naranjo necesitaba una poda; que le daría fuerza y crecería más.

No dije nada, en parte por no ganarme la antipatía de mi familia política y en parte porque no sabía qué es lo que pretendía podar del árbol.

Pasó una semana más, y a medida que algunas flores daban paso a unas pequeñísimas bolitas verdes destinadas a convertirse en preciosas naranjas, nacían más flores para seguir regalando su aroma.

Hasta que una tarde de abril volvió el padre de mi esposo, con unas tijeras de podar, dispuesto a hacer lo que me había dicho: podar el naranjo para que creciera más.

No me opuse, y en apenas un segundo cortó la rama que subía al cielo con sus flores y diminutas naranjas…

No pude evitar que se me humedecieran los ojos de lágrimas y mi cara se enrojeciera de rabia; aun así no dije nada…recuerdo que mi suegro me miró y siguió con la poda. ¡Yo recogí la rama del suelo y la puse en agua en un intento de parar su muerte, y también la mía…no podía creerlo!

Mi esposo no había detenido a su padre, aún sabiendo lo importante que era aquel naranjo en mi vida. No me había protegido a mí, por quedar bien con su padre.

El naranjo no sobrevivió; a partir de ahí dejó de crecer y acabó muriendo. Aquella primavera ya no sería mi primavera.

 

Una vez más dejaba que alguien decidiera por mí. Me costó trabajo darme cuenta de esto.

 

Yo que había sido educada para callar, no expresar mis sentimientos y fingir que todo estaba bien, de repente me caía encima un jarro de agua fría al tomar conciencia de que yo no estaba tomando las riendas de mi vida y dejaba que otros decidieran por mí, pasando por encima de mí. Tomé conciencia de que siempre había sido así y de que tenía que cambiar.

 

Vinieron a mi memoria otros momentos de mi vida en que había pasado lo mismo. De formas distintas, pero al fin y al cabo para mostrarme lo mismo: que no estaba viviendo por mí misma, que no tomaba las decisiones que tenía que tomar. Que me hacían daño, tanto como yo me dejaba hacer por no tener el valor de expresar mis deseos, por no atreverme a hablar a mi favor.

Por no cuidar de mí ni tenerme en cuenta. Por pensar que tenía que dejar que los demás se sintieran bien a cambio de sentirme yo mal.

 

Y decidí aprender.

 

Decidí dejar de ser mi propio viento en contra y así, después de tomar conciencia de lo que estaba pasando y decidir que no quería quedarme ahí, empecé a aprender a ser yo misma, a ser una mujer que tomaba conciencia de que podía ser diferente.

Y ahí empezó un maravilloso aprendizaje, que una primavera llegó en forma de flor de azahar y hoy, diez años después está dando más flores y frutos sin cesar.

 

Llega un momento en que se nos acaban las excusas y debemos tomar la responsabilidad de conducir nuestra propia vida.

 

Ya no cuenta lo que nos pasa, sino lo que elegimos hacer con lo que nos pasa.

 

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Estela Domínguez.

 Experta en Inteligencia Emocional y psicología positiva.

One Reply to “El día que empecé a aprender a ser yo misma”

  1. Latonya Doyen dice:

    Hola hacia mucho tiempo necesitaba esta informacion 🙁 al fin voy a poder terminar el trabajo del semestre muchas gracias T.T

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